Mi hermanita Sandra Russell – Poco amada, murió por su propia mano

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La adopción de niños, debería ser prohibida a toda persona con creencias religiosas, porque a menudo, son descartados como basura, cuando empiezan los problemas.

Hijos de misioneros son los más vulnerables y de los muchos que conoció durante su juventúd, cuatro se suicidaron, a otro lo mataron y una se volvió puta callejera.

Uno de los recientes “trends” entre los evangélicos fundamentalistas, es adoptar a niños como obra misionera, cuyo único propósito es reclutar más creyentes a su religión.

De la misma manera, las Megaiglesias animan a las jóvenes más atractivas de sus congregaciones, que busquen un novio afuera de la iglesia como obra misionera, para atraprarlo sexualmente y unirlo a la iglesia. Todo se vale para Dios.

Autobiografía: © J. Russell, Octubre 02, 2015
Para correcciones o aportar información adicional, comuníquese con jrussell602@gmail.com
Es permitido Citar/Copiar/Compartir este artículo, siempre que incluya un enlace a esta página.

Sandra Jane Russell (1953-1996), era dos años menor que su hermano. Los dos fueron adoptados en Nueva Zelanda y transportados a Guatemala, en 1953. Sus nuevos padres, eran misioneros evangélicos y miembros de los Plymouth Brethren (Los Hermanos Plymouth), mejor conocidos en Guatemala, como los Hermanos Kramerístas.

Cursaron la primaria juntos, haciendo home schooling por correspondencia del Calvert Correspondence School supervisados por su madre Doña Frida (Winifred Russell) .

Don Gray (Gray Russell), el padre de la familia y líder supremo de la Secta en Guatemala, raramente estaba en casa. Prefería convertir Católicos en Evangélicos, establecer cientos de “Salas Evangélicas” alrededor del país e insistir que sus hijos atendieran sin falla, los 7 cultos religiosos por semana que a menudo, duraban más de 2 horas por sesión.

De pequeña, Sandra fastidiaba a su hermano constantemente. Lo seguía por todos lados, queriendo hacer las mismas cosas. Posesiva, no le gustaba compartir con otros. Fingía heridas, le echaba la culpa y lo metía en problemas con su madre. Una plaga fastidiosa, prefería mantenerse alejado.

A los 8 años de edad, le dijo a sus padres que algo “no andaba bien con su hermana”, pero solo su burlaron y siendo un niño pequeño, no sabía que sus padres no tenían ni la menor idea, de sus deberes parentescos.

A Sandra le costaba aprender Inglés. Solo hablaba en Español y esto molestaba mucho a sus padres. Tenía poco contacto con Europeos, sus amigos eran los niños de los indígenas de la iglesia y la servidumbre Raramente gozaba de los privilegios que se le daban a su hermano y esto la volvía furiosa y agresiva. Como resultado, su padre la castigaba fuertemente y a menudo, la dejaba lastimada.

Doña Frida se enfocaba en criar al varón consentido, que un día heredaría el imperio religioso de su padre. Rociaba su rosa favorita y esperaba que las gotas que salpicaban a su alrededor, serían suficientes para nutrir a la plantita que crecía a la par, pero creció retorcida y mal nutrida, no como lo merecía.

En 1960, la familia se mudó a la Ciudad de Guatemala y Sandra con su hermano, fueron inscritos en el recién establecido Colegio Evelyn Rogers, en la Zona 10. El comportamiento de su hermana empeoró y si no la dejaban hacer lo que quería, se volvía rabiosa.

En el colegio, Sandra raramente se metía con los varones y tenía pocas amigas, porque se pelaba con todos. Sus habilidades escolares eran del rango normal y para todo, tenía una respuesta o un comentario.

Tenía dos amigas que vivían a la vecindad y con ellas pasaba mucho tiempo. Mientras tanto, se volvía más y más obsesiva hacia su hermano, inventando cualquier cosa, para verlo en problemas con sus padres y castigado, sin importar la veracidad.

Sandra manipulaba a todos y disfrutaba observar la disolución de amistades, como resultado de las mentiras que les contaba en confianza, a todos en turno. Durante su juventud, trató de mantenerse bien alejado de ella y todo mejoró, cuando lo mandaron al Colegio Maya.

A su hermana, no muy le gustaban los Europeos y tuvo unos novios Guatemaltecos, pero eran miembros de la “Secta” y de clase baja, que sus padres creían, solo buscaban escalar la existente orden social.

Un de estos le llevaba 8 años y le caía medio bien a su madre porque tenía; tez blanca, era alto, delgado, trabajaba en un banco y tenía una moto Zundap, así que permitían que la visitara en casa.

El otro, le llevaba 12 años, de familia pobre, muy moreno, de clase baja y andaba en bicicleta, así que solo lo podía ver, después de los cultos religiosos, porque a éste, su madre lo despreciaba.

Sandra manejaba todos los eventos importantes en su vida, por medio de ultimátum. De regreso en Nueva Zelanda en 1967 y apenas habiendo cumplido 15 años de edad, decidió casarse. “De ninguna manera” le dijeron sus padres. Inperturbada, declaró que se iba a embarazar y que no tendrían opción. Sobre toda objeción, lo hizo así.

Para minimizar el escándalo dentro de los fieles de la “Secta” y la familia, sus padres consintieron y se casó con Michael Stockham. A los pocos meses nació Nicki, la única sobrina de su hermano.

Dentro de poco, a menudo se notaban moretes sobre el cuerpo de la nena. “Accidentes” dijo su hermana. Dentro de poco, fue necesaria la intervención de los Servicios para Niños, del gobierno de Nueva Zelanda, quien se la quitó. Incapaz de ser esposa y menos capaz aún, de ser madre, dentro de meses su matrimonio se desintegró. 

Su niñez en Guatemala, dentro de la claustrofobia de la “Secta”, la había marcado profundamente. En conversaciones y comentarios, constantemente retomaba el tema de Guatemala, como un lugar idóneo y perfecto. La mayoría de sus “recuerdos” y comentarios eran imaginarios. Su hermano no recordaba estos incidentes, porque no habían ocurrido.

Nunca expresó algún deseo de volver a visitar o vivir en Guatemala, ni mantuvo contacto con alguien de allí. Igualmente, despreciaba y resentía las reglas y costumbres culturales de Nueva Zelanda, viéndolas como extensiones de las restricciones impuestas por sus padres, durante su niñez y juventud.

En Australia, su hermano perdió contacto con Sandra durante varios años. Supuestamente se había ido a vivir al extranjero, aunque era difícil saber exactamente, porque lo que contaba y lo que hacía, eran dos cosas diferentes.

Sandra resentía a sus padres profundamente y los extorsionaba económicamente para vengarse, riéndose a carcajadas cuando su plan funcionaba. Siempre usaba la misma táctica. Se inventaba alguna emergencia médica muy exótica y a base de esto, los convencía que le mandaran fuertes cantidades de dinero, para curarse.

En Nueva Zelanda o Australia, donde solía vivir, no existe ninguna condición médica ni medicamento, que el estado no pague, pero sus padres estaban tan sumergidos en el “cosmos alterno” de su religión y “Secta”, que estaban completamente desconectados de la realidad.

Algunas de sus extorsiones fueron muy creativas; Ceguera, necesitando una operación del cerebro; Virus fatales, que requerían antídotos experimentales aún no aprobados; Desprendimiento total de la piel, etc. La lista de condiciones médicas espectaculares que inventaba, era sin fin. Increíblemente, sus padres se lo creían todo y le mandaban la plata.

El dinero que recibía de estas extorsiones, se lo gastaba en fiestas y parrandas extraordinarias, donde se ponía a contarles a todos con gran afán, que su padre lo había pagado todo.

Sus padres le daban el dinero para que se mantuviera alejada de ellos y no les manchara su imagen y en el fondo se sentían culpables, por los problemas que Sandra tenía.

Su hermano se había mudado a Australia en 1975. Recibió una llamada telefónica inesperada de Sandra, diciéndole que ahora vivía al sur del país; “Ven a visitarme este fin de semana, yo me encargo de todo”, le dijo.

Aceptó la invitación y tomó el tren. Su hermana y otra muchacha lo esperaban con un auto deportivo, nuevo y muy lujoso. Después de unos tragos, le enseñó su cama matrimonial que compartía con su amiga. En esta relación naciente, su hermana era la dominante y su pareja, la blandengue sumisa.

Su hermano a propósito, no reaccionó. Sandra se le había “revelado” y quería su reacción. En los años 1970s, muchas cosas eran aceptadas, pero esto no y lo más inquietante era, que era su propia hermana.

Al despertar el día siguiente, no había nadie en casa y quiso hacerse un café, pero no había nada. Todas las dispensas de la cocina, el estudio y el armario, estaban repletas con cientos de cartones de cigarrillos, que valían miles de dólares y todo era robado.

Al rato su hermana y compañera, aventaron la puerta del apartamento y entraron cargando numerosas bolsas de ropa de tiendas de renombre. Todos los aparatos electrónicos contra hurto, engrapados a las prendas, les daban un toque bonito.

Al igual que otros madrugaban para caminar sus perros o hacer ejercicio, Sandra salía temprano a robar en las tiendas de marca. Había que admirarla, porque aparentemente, lo hacía con éxito y profesionalismo.

¿Porque no tienes comida en la casa?” le preguntó a su hermana. “No seas tan tonto, siempre salimos a comer” le dijo. “¿Ni café o té?” le preguntó, “Tampoco” contestó, e inmediatamente envió a su amante a la tienda, a comprarle un café. Al preguntarle sobre todos los cigarrillos; “Así es como guardo mi dinero”, le respondió.

De regreso en el tren, decidió no contarle a sus padres lo que había visto, porque sería más divertido, que ellos mismos lo descubrieran.

Dos años después, Sandra se había mudado a la ciudad de Sídney, donde vivía totalmente descontrolada y “la vida loca”. Como invitado de honor, insistió que su hermano llegara a una de sus “parrandas especiales”, financiada por sus padres. El ambiente parecía una película de Federico Fellini.

Había ingerido un cóctel de substancias ilegales y sentada sobre el sofá, como una abeja reina, en el centro de su enorme sala, vestía un jump suit de cuero negro, cabeza rapada y anillos de acero en cada dedo, al estilo de la “La Naranja Mecánica”.

El aparador estaba repleto de píldoras de todo tipo y color imaginable. Líneas de cocaína reposaban sobre la mesa. Los aparatos, para el uso de la heroína, estaban en un esterilizador de acero inoxidable, que su hermana había “prestado” del hospital, donde trabajaba como enfermera.

La “Lesbiana Macha”, había evolucionado. Sentadas a sus pies, varias hembras extremadamente flacas y blandengues, la miraban con ojos de enamoradas, absorbiendo todo lo que decía. A los pocos varones en la sala, se les “quebraba la mano”. Parecía una escena, del libro de “Apocalipsis”.

Contaba que los doctores del hospital donde trabajaba, eran imbéciles e ineptos y que solo ella sabia “componer” los problemas de los pacientes; “Si no estoy de acuerdo con las medicinas y dosis que los doctores le recetan a los pacientes, los cambio”, decía. Buscando el apoyo de su hermano, le pidió su opinión. “Si alguna vez tengo una emergencia, espero que nunca me lleven a un hospital donde tu trabajas”, le respondió él.

Su hermano se fue al rato. La escena de esa “parranda” le era demasiado preocupante. Le informó a sus padres que su hermana tenía serios problemas y que le buscaran ayuda psicológica. “Ser lesbiana no es el problema” les dijo, “El problema es el hurto y su menosprecio por la seguridad de los pacientes bajo su cuido. Se está volviendo una persona muy peligrosa”.

Sus padres, como “ciudadanos del cielo, temporalmente atrapados sobre la tierra”, mientras esperaban el Rapto Secreto, estaban tan aislados de la realidad, que no sabían nada de estos temas. “Estás equivocado” le dijeron, “esos actos anormales, solo ocurren entre hombres y las mujeres, no hacen ese tipo de cosas”. Era imposible conversar con ellos, como humanos cuerdos.

Por sus creencias, su padre despreciaba la psiquiatría y atribuía los problemas de Sandra a que “Satanás estaba dentro de ella”, porque no “Seguía al Señor” y que cuando “Regresara a Cristo”, todo estaría bien. Su madre siendo más pragmática, le sugirió que; “Tratara de obtener ayuda para Sandra en Australia, porque no queremos que nadie en Nueva Zelanda, sepa cómo es ella”.

Furioso, insistió que como padres de Sandra, era su deber y responsabilidad buscarle ayuda. Pero nunca levantaron la mano para ayudarla, ni una sola ves,. Solo le mandaban dinero.

Cuatro años después, un pelotón de detectives de la Policía Federal de Australia (equivalente al FBI) llegaron a sus casa, buscando a su hermana. Le había robado un carro deportivo de lujo a una de sus amantes.

El día siguiente, como que si nada, Sandra llegó a la casa de su hermano y estacionó el carro robado en la calle. “Necesito donde quedarme”, anunció y se quedó un par de semanas. Su hermano escondió el carro en una bodega y cada noche, patojas raras llegaban a todas horas, para acompañarla. Los Federales no regresaron.

Cada vez que Sandra estaba de fuga, llegaba sin avisar a la casa de su hermano, quien tenía que esconder la evidencia incriminatoria que traía. Entre sus visitas como fugitiva, un sin fin de amantes que había abandonado, llegaban a buscarla.

Nadie quería vengarse. Llegaban para perdonarla y pedirle que las aceptara otra vez. Masoquistas, Muchas tenían moretes en sus caras y sobre sus cuerpos, resultado de las golpizas infligidas por su hermana. Vaciaba completamente las cuentas bancarias de sus amantes y a otras, les robaba joyería y carros deportivos.

Fue la mañana de un Lunes en 1996, cuando recibió una llamada telefónica que nunca olvidaría. “Mi nombre es Sargento Reardon, del Departamento de la Policía de la ciudad de Melbourne” dijo la voz. “Que pasa” le preguntó. “¿Es usted el hermano de Sandra Jane Russell?” preguntó el oficial. “Si, así es”, le respondió. “Me da mucha pena tener que hacer esto, pero es mi deber informarle que su hermana ha muerto”.

En lo que el policía esperaba que su cerebro procesara la información, el silencio parecía interminable. “¿Muerta, como así muerta, cómo murió”? preguntó finalmente. “Su hermana se quitó la vida”, contestó el policía discretamente. Después de otro largo rato silencioso al teléfono le dijo; “No sé qué decir o hacer”.

Le daré mi número de teléfono y cuando esté más tranquilo, llámeme, y lo ayudo en todo lo que pueda”, le dijo el policía. Al colgar el teléfono se sintió impotente y entumecido. ¿ Y ahora qué?.

Al rato, llamó de regreso. El Sábado por la noche, su hermana había conectado la manguera de su aspiradora desde el escape, hasta la ventana trasera de su vehículo y lo había sellado todo con cinta. El Lunes temprano, el cartero la encontró frente a su casa, desplomada sobre el timón de su carro, con el motor todavía prendido.

Al escuchar lo ocurrido, se quedó sentado y mudo, abrumado, con tristeza y remordimiento. Esta experiencia, no se la deseaba a nadie.

Conmocionado, su primera tarea era informarle a sus padres. Hizo la llamada a Nueva Zelanda. “Tengo malas noticias, Sandra está muerta”. Su padre solo dijo; “probablemente era lo mejor” y su madre añadió “que lastima”. Ni preguntaron como había fallecido.

Sorprendido, le pidieron que la enterrara en Australia. “¿No sería mejor enterrarla en la ciudad de Rotorua, Nueva Zelanda, donde les sería más fácil visitar su tumba, de vez en cuando?”. “No”, le dijeron “la queremos enterrada en Australia y no vendremos al entierro”.

Muy enojado, les dijo que eran unos “desgraciados”. No era porque que estaban viejos o enfermos, viajaban todo el tiempo. Lo que no querían, era involucrarse en el entierro de su propia hija.

Maldiciéndolos por teléfono, su padre finalmente acordó acudir al entierro de mala gana, pero su madre, totalmente rehusó. Hizo los arreglos con un crematorio en la ciudad de Melbourne, como se lo habían pedido y Don Gray se asomó de Nueva Zelanda, tres días después.

El servicio fúnebre, fue una experiencia traumática. Nadie llegó al entierro, solo él y su padre. Esperaba que por lo menos, algunas de sus amigas estarían allí, pero nada. Solo unas flores de su hermano. Dentro de una capilla vacía, el director funerario, recitó una misa genérica.

Cuando el director le pidió a su padre que dijera algunas palabras sobre su hija, “No quiero decir nada, muchas gracias”, le dijo. Sorprendido, le preguntó otra vez; “No, nada, muchas gracias” respondió su padre otra vez. Momentos después, el servicio fúnebre de 4 minutos, concluyó. Alguien presionó un botón eléctrico y el féretro se deslizó lentamente, hacia un hoyo en la pared.

Al salir de la capilla, el director le entregó una factura a su padre, pero rehusó aceptarla. Prepotente, le dijo; “No es correcto que me cobre. Bajo las circunstancias que murió, el Estado debería pagar su entierro”.

En ese momento, deshonró completamente a la niña a quien en adopción, había prometido criar como su propia sangre. Como lo había hecho toda su vida, una vez más, puso las enseñanzas y las creencias de su “Secta” religiosa, por encima de sus responsabilidades morales, éticas y familiares.

Enfurecido, su hijo le dijo; “Es tu propia hija, es tu deber pagar los gastos de su entierro”. Su padre, de manera beligerante respondió; “Mira, la manera en que ella murió es un pecado y en contra de mi conciencia pagarlo, así que lo pague el gobierno”.

Casi recibió una trompada de su hijo y le dijo; “Pagabas los entierros de todos esos indios hijos de puta en Guatemala, pero ahora no quieres pagar el entierro de tu propia hija”.

Después de tantos años, contándole a otros sobre el “poderoso amor de Dios y sus maravillas” y “como vivir sus vidas honradamente”, su padre estaba podrido espiritualmente, ni para su propia hija haría un excepción.

Para Don Gray, la muerte de Sandra, le fue una violación, una ofensa y agravio a su imagen y un inconveniente a su rutina. No sentía empatía, culpabilidad ni tristeza, todo era acerca de él. Al suicidarse, Sandra lo había traicionado.

Como rehusó pagar por el entierro de su hija, su hijo canceló los cobros. El director del funerario, muy incómodo con lo que vio, dijo; “nunca he visto algo así”. Allí mismo le dijo a su padre; “Eres un asqueroso y me vas a pagar este dinero”.

Durante los siguientes años a menudo le recordaba que le debía el dinero del entierro, pero Don Gray solo se reía, medio enojado. Después de la muerte de su hermana, detestaba y despreciaba a su padre más que nunca.

La muerte de Sandra, fue el fin de una vida, el fin de una era y el fin de una joven frágil que jamás había sido apreciada, amada o cuidada por su familia, que debería haber sido ayudada y apoyada por sus padres, cuando más lo necesitaba.

Cuando su padre murió cuatro años después, la familia le mandó un fax con numerosos elogios inventados, que querían que leyera durante el servicio fúnebre. Pero nunca fue al entierro de su padre, porque no le permitieron escribir y leer, su propio elogio. Ninguno de los parientes, todos sin excepción miembros de la “Secta” se lo perdonaron y se volvieron muy hostiles, porque no hizo lo que querían. Su madre le mandó un vídeo del entierro, nunca lo ha abierto, ni visto.

Con la muerte de Sandra, todas las fotografías de ella en la casa de sus padres, desaparecieron inmediatamente. Se borró toda evidencia de su existencia y su nombre casi nunca fue mencionado otra vez. Sandra quedó “ninguneada”.

Cuando alguien preguntaban que le había pasado a Sandra, su madre les decía; “Falleció de una enfermedad misteriosa que se la llevó de repente”. Pocas personas conocieron la verdad. Mentiras y engaños es la manera de la “Secta”, y sus padres estaban emergidos en esto.

El juez encargado del caso, lo había nombrado como ejecutor del patrimonio de su hermana y meses después, le informaron que podía recoger su carro. Hizo arreglos para que se lo mandaran a la ciudad de Brisbane, donde vivía.

Cuando el vehículo llegó, estaba exactamente como lo habían encontrado. El Honda blanco de tres puertas, tenía puestas las llaves, las ventanas estaban cubiertas de cinta y la manguera de la aspiradora, seguía conectada al escape y a una ventana.

Este escenario era preocupante y le pidió a sus empleados que le de-suicidaran el carro. Lo ofreció de gratis, a quien lo quisiera, pero nadie lo quiso, así que llamó a un predio de carros y se los vendió, casi regalado.

De último viajó a Nueva Zealand y le entregó a su sobrina, la única hija de Sandra, el dinero del carro y los objetos personales de su madre, que había logrado salvar.

Sandra no está enterrada en ningún lado y hoy día, nadie habla de ella, nunca la mencionan y con la muerte de sus padres, la urna con sus cenizas desapareció. Probablemente, descartada a la basura, cuando los zopilotes de la familia, llegaron a dividir el botín y pelearse sobre la carroña. 

No se porqué, pero a menudo pienso en Sandra, mi hermana.

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12 Comments

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  1. Isai Calderon

    My son’s name is Job. What you wrote here fits so many other Jobesque stories of humankind. Stalin’s daughter’s story comes to ming. An atheist Communist father. Castro’s sister. Daniel Ortega,’s stepdaughteer. These are atheist leftwinger’s victims. I guess my point is all of it is deplorable, but its human, not “missionary”. You give too much credit to what you grew up in as the piñata to beat; but all I see is what Job tried to say, what a predicament¡! We suck, as atheists, as Xns, as Catholics, at anything. We humans make edifices around stuff we are not. Them we spend rhe rest of our lives covering up the fact. You do this, like you parents did, you dig up and trash all they were: right wingish, evangelical, institution above self. Yet you have no interest in the evils of you edifice.. Guatemalan left wing terror, rich Catholics and their connection with Georgtown, Virgin Mary apparitions and pressage. DeWitt’s gayness interests you, but Te gayness behind Gerardi’s murder goes unnoticed…. Fine, we all do that. What I appreciate of you as a journalist , is the fact you have no qualms in telling us where you come from.! Very few journalists are this honest. You are totally right about what you write, you are just missing the other 50%. Consider me a regular fan.

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  2. John Hughes

    Hi John,
    did you get around to scripting your biography of Sandra in English. Don’t mean to be a pain, but I would be most interested in her story. You must bee real busy with all your writings and research. Do you do this full time?

    Regards John

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  3. Federico Figueroa

    Y el problema que yo veo en tu caso estimado John , es ,con toda sinceridad, que media ves tu no superes tu amargura y cambies el enfoque de tus experiencias, continuaras sumido en un mundo de “Supremacia -Critica” creyendote con el derecho de juzgar a todo el mundo de la manera que tu “Mood” del momento te sugiera ,sin importarte el daño que causes a terceros y siendo un patetico “observador de la desgracia ajena” que no hace absolutamente nada bueno por nadie jamas , ni logra salir del evidente tormento que te causa su propia existencia.
    No lei en ningun lugar que hayas hecho algo significativo por tu hna. ! ??…eso se llama Egoismo !
    sin embargo fuiste explendido en su critica y en la de los demas protagonistas de tu cronica..

    Sin darte cuenta que te has convertido en lo mismo o talves en algo aun peor de lo que tanto criticas…
    Te doy un consejo ( aunque comparto el dicho que dice “consejo no pedido es consejo mal recibido”…pero eso es ya cuestion de tu frente a ti mismo…. ( yo cumplo con escribirte como creo que debo hacerlo a alguien como tu )

    ” Nada te librara de tu amargura sino la Misericordia de Dios a tu espiritu ”
    Suplicale a El perdon por tanta herejia y odio que has diseminado en tu vida y tus escritos y El te perdonara y limpiara tu corazon de ese lastre que te consume a diario…

    Con amor y sinceridad
    Federico

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    • By: John Russell

      Normalmente Federico, no respondo a los “fanáticos religiosos” porque he aprendido que no tienen el “IQ” suficiente para entender a fondo, sobre los temas que escribo, pero en tu caso haré una excepción.

      Dices “No lei en ningun lugar que hayas hecho algo significativo por tu hna. ! ??” y esto es muy cierto ya que el artículo es sobre mi hermana y no sobre lo que you haya o no haya hecho por ella.

      También mencionas mi “Supremacia – Critica” y sé que soy muy afortunado haber nacido con ese don.

      También dices que soy un “observador de la desgracia ajena” y estoy de acuerdo, ya que observando el comportamiento de la mayoría de tu raza (La Raza) aquí en Guatemala, nunca se me acabará la materia fuente.

      Además, me das “consejo” pero solo acepto consejo de personas a quien respeto y al mencionar la ” Misericordia de Dios a tu espiritu”, te descalificaste.

      Saludos
      JR

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      • Federico Figueroa

        Jajaja ! para ser un “Criticon- Profesional”…….siento que eres muy susceptible .Johny ..talves deberías de rodearte de gente mas sincera o de IQ tan bajo como el mio para que no le teman a tu amargura y te digan de ves en cuando tus verdades mi “afortunado” John……..
        jajaja me resultaste un ” Rudo Cowboy ” pero de tacones altos !! jajaja…

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    • Rnieve

      What? Used no considera esta muerte una tragedia? Es natural sentir ese dolor en particular si es por la via de drogas y la mala Interpretacion del Amor de Dios . Quisas lo mas que duele es
      cuando nunca le dicieron ah ese familiar que tu vales mucho como humano y te queremos haci
      como eres. Obvio que el señor Russell agh sufrido su hermana,porque no sufrido con el?

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  4. Federico Figueroa

    John:
    He quedado conmovido profundamente al leer tu articulo…
    Creo que puedo entender bastante , aunque solo tu lo harás del todo , lo que toda esta experiencia de vida te ha dolido y marcado.
    Yo también tuve un hermano con el que la historia fue algo parecida….( y también ya falleció, aunque no en idénticas circunstancias)
    Ahora entiendo bastante tu rechazo tan marcado a los grupos religiosos y sectas “santas”…el cual comparto ya que conozco desde muy pequeño ese ambiente de religiosidad tan falso que hay en las distintas denominaciones religiosas.
    Fui educado los primeros 13 años de mi vida en el ambiente católico extremo y luego por eventos intrafamiliares tuve una incursion profunda y extrema en el mundo evangélico y carismático catolico , lo cual me hizo ver mucha de esa falsedad e hipocresía nefasta que existe en la gran mayoría de esas congregaciones..
    Te envió un abrazo sincero de solidaridad y comprensión hacia lo que has vivido y espero todavía exista en el fondo de tu corazón un halo de Fe en el verdadero amor de Dios hacia nosotros , aparte de toda esa justificada decepción que tu vida te ha dado en relación a lo equivocado y maligno que puede ser el humano.
    Créeme John…existe un Dios real y bondadoso que no tiene NADA que ver con esa partida de farsantes y perversos humanos que se dicen ser portadores de “la verdad ”
    Ánimos
    Federico Figueroa

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  5. Silvia

    Que triste historia.Gracias por compartirla con tanta honestidad. Pensar que Sandra hubiera podido tener una vida diferente.Usted supo reconocer su vulnerabilidad y la necesidad profunda de ser amada y sentirse segura. Le brindó su empatía y no la despreció.

    No estoy de acuerdo en que las adopciones deberían ser prohibidas a personas religiosas, pero si creo que antes de dar en adopción a un niño /niña se debe hacer un estudio psicológico y quizás psiquiátrico de quienes solicitan ser padres adoptivos. La posición económica no es determinante para que los niños crezcan felices y se sientan queridos, la relación con los padres si lo es.

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  6. Martha Hall

    Hola John ..yo fui tu companiera de colegio en el Evelyn Rogers…. yo me acuerdo de ti y tu hermanita……uds eran de New Zeland……..tu eras pelirojo con pecas..me recuerdo de ti delgado y alto..yo soy Martha Hall..vivo en Antigua…..me fui a estudiar a Estados UNidos cuando Evelyn vendio el colegio ..yo me fui antes con Amy Doswell…. saludos..escribes muy bonito….muy diferente a los escritores latinos…

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  7. John Hughes

    Hi John,
    Enjoy reading your posts. Have you got your biography of Sandra in English?

    Regards John

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    • By: John Russell

      Just for you John, I will try to have it within a week or two. Nice to hear from you :)

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